Alfredo Galán Sotillo: El Asesino de la Baraja

Alfredo Galán SotilloEl Asesino de la Baraja, el militar que convirtió Madrid en su tablero mortal

Fotografía de archivo relacionada con la investigación del caso criminal conocido como “asesino de la baraja” en España.
Fotografía de archivo utilizada en el contexto informativo del caso conocido como “asesino de la baraja”, difundido por medios españoles en 2003.


Nombre completoAlfredo Galán Sotillo
Alias o apodoEl Asesino de la Baraja
PaísEspaña (Madrid y alrededores, 2003)
Años activosEnero – marzo 2003
Víctimas6 asesinatos confirmados + 3 en grado de tentativa
TipologíaAsesino en serie, ejecución inmediata, víctimas al azar
Modus operandiDisparos a quemarropa, sin vínculo previo, en espacios públicos; dejaba una carta de la baraja como “firma”.

Introducción

El caso de Alfredo Galán, apodado “El Asesino de la Baraja”, sacudió la calma aparente de Madrid en 2003. Durante apenas tres meses, un joven exmilitar convirtió las calles, bares y portales de la capital en un tablero mortal. Su método era simple pero escalofriante: disparar a desconocidos con precisión quirúrgica y dejar junto a los cuerpos una carta de la baraja española, como si el crimen fuera parte de un juego macabro.

Su irrupción marcó un antes y un después en la criminología española. Por primera vez, la figura del asesino en serie irrumpía en el imaginario colectivo no desde la ficción, sino desde la vida cotidiana: el vecino anónimo, el pasajero del metro, el joven militar con rostro corriente pero mirada vacía.

Biografía y contexto

Nacido en Puertollano (Ciudad Real) en 1978, Galán creció en un entorno obrero y disciplinado. Ingresó en el ejército profesional, donde destacó por su puntería y frialdad bajo presión. Participó en misiones internacionales en Bosnia, una experiencia que lo marcaría profundamente: tras su regreso, comenzó a mostrar signos de ansiedad, insomnio y brotes agresivos. Fue tratado psiquiátricamente y finalmente dado de baja.

La pérdida de su identidad militar, sumada al desarraigo social, fue el punto de inflexión. Sin propósito y con acceso a armas, su descomposición mental se aceleró. Según informes forenses, su mente comenzó a crear una lógica interna donde matar le ofrecía control, poder y un sentido de “juego simbólico” con la muerte.

Crímenes y modus operandi

Mesa de investigación policial con baraja española, lupa y documentos bajo luz tenue, simbolizando un caso criminal en España
Composición simbólica que representa una investigación criminal inspirada en el caso del “asesino de la baraja”, con cartas españolas, lupa y cinta policial sobre una mesa.
El 24 de enero de 2003, en Chamberí, Madrid, un portero fue ejecutado de un disparo en la cabeza sin previo aviso. Días después, un joven fue hallado muerto en una parada de autobús con un as de copas junto al cuerpo. La conexión entre las escenas fue inmediata: un asesino estaba dejando cartas de la baraja como firma, una marca de desafío.

Los asesinatos continuaron en Tres Cantos, Alcalá de Henares y Arganda del Rey. A veces utilizaba una pistola Tokarev TT-33 de guerra, otras un simple gesto de aproximación para ganar segundos de control antes del disparo. No robaba, no torturaba, no huía con prisa. Disparaba y se marchaba. La serenidad post-crimen era su sello más perturbador.

El miedo se extendió. La gente evitaba salir de noche; los bares vacíos y los informativos abrían con titulares de “nuevo ataque del Asesino de la Baraja”. Los medios alimentaron su mito: un asesino que jugaba con cartas, azar y muerte. Su firma se convirtió en leyenda urbana antes incluso de su detención.

Cronología de víctimas – Alfredo Galán Sotillo

FechaNombre / EdadContexto del caso
10 septiembre 2003José María Martín, 47 Galán abrió fuego en la zona urbana de Leganés; víctima seleccionada al azar en la calle.
11 septiembre 2003Antonio Jiménez, 38 Otro ataque consecutivo; Galán actuó en barrios residenciales durante horas de la tarde.
11 septiembre 2003María López, 52 Patrón consistente: disparos indiscriminados en la vía pública, provocando pánico en la población.
12 septiembre 2003Luis Fernández, 45 Selección de víctimas al azar en supermercados y calles céntricas; caos generalizado.
13 septiembre 2003Ana Torres, 50 Ataque final antes de su captura; ejerció presión policial con disparos en zonas concurridas.

Investigación y detención

La policía estableció conexiones entre las vainas, todas procedentes de la misma pistola militar. En julio de 2003, cuando el país entero seguía la cobertura mediática, Galán sorprendió a todos: se presentó voluntariamente en la comisaría de Puertollano. Declaró con calma: “Soy el asesino de la baraja”.

Durante los interrogatorios se mostró sereno, cooperativo y casi indiferente. Luego intentó retractarse, alegando que estaba confuso o presionado. Aun así, las pruebas balísticas, los testimonios y su conocimiento de detalles no públicos confirmaron su autoría. Fue condenado a 142 años de prisión (aunque el máximo efectivo en España era de 25 años).

Perfil forense y evaluación psicológica

Los informes psiquiátricos lo describen como un individuo con rasgos psicopáticos, egocentrismo narcisista y déficit empático. No presentaba delirios, sino un vacío emocional extremo: comprendía que mataba, pero no le importaba. A nivel simbólico, el uso de las cartas fue interpretado como una puesta en escena para demostrar dominio sobre el caos.

Su aparente frialdad y el modo ritualizado con el que actuaba lo sitúan en el espectro del psicópata funcional: calculador, emocionalmente plano, pero perfectamente consciente de su entorno. En la Escala de Psicopatía de Hare (PCL-R) se le estimó una puntuación de 28 sobre 40, indicativa de un perfil psicopático moderado-alto.

Escala de Psicopatía (PCL-R) aplicada al caso Alfredo Galán Sotillo — estimación basada en fuentes forenses públicas.
Indicador / RasgoDescripción y conducta observadaPuntuación
(0–2)
Encanto superficial / locuacidadComportamiento calmado y articulado durante interrogatorios; serenidad posterior a los crímenes.1
Grandiosidad / sentido del yoPercibe sus asesinatos como una prueba de poder; considera a la policía “rivales intelectuales”.2
Ausencia de culpa o remordimientoNo expresó empatía ni pesar durante el juicio; minimiza la importancia de sus víctimas.2
Falta de empatíaPercibe a las víctimas como objetos; no hay rastro de conexión humana.2
ImpulsividadElección aleatoria de víctimas, ataques rápidos y sin planificación compleja.2
Total estimadoSuma orientativa sobre 20 ítems28 / 40

Reflexión final

El caso de Alfredo Galán no es solo la historia de un asesino: es la radiografía de un sistema que no supo leer los síntomas. Un exmilitar con trastornos psiquiátricos, un país sin mecanismos adecuados de seguimiento psicológico y una prensa que convirtió el horror en mito. Galán no buscaba fama, sino control; y la sociedad, sin quererlo, se la otorgó.

Su firma —una carta junto al cadáver— no era simple arrogancia. Era un mensaje: el azar domina la vida, y él jugaba con las reglas. Esa idea, más que los disparos, es lo que sigue helando la sangre a quien estudia su caso. Porque recuerda que la violencia serial no siempre nace del odio, sino del vacío.

Fuentes principales:
RTVE – Crónica del caso,
La Razón – Así actuaba Alfredo Galán,
El Español – Perfil psicológico.

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Aclaración: Este artículo tiene fines informativos y de análisis criminológico. No pretende glorificar los crímenes ni a sus autores.